Archivo para Panda

Que no toquen .

Posted in musica with tags , , on julio 26, 2008 by Desperdicio

Más allá de reirme de los emos y la cancelación o postergación (uno nunca sabe en qué quedará esto) del concierto de Panda, esto me motiva a publicar una columna que había hecho para un contracara en una revista de la universidad.
Y ya saben, vayan a Agnostic Front. Oh yes!

Por qué no comprar tu entrada (de las caras).

Seguro tú eres de esos que cuando viene su grupo favorito va corriendo a Teleticket y paga un chorro de plata para ver a los susodichos hechos miniatura por la distancia que separa a la chusma del escenario. La separación se hace kilométrica porque, claro, estamos en Perú y no hay para pagar zona media, mucho menos VIP, y tienes que conformarte con tu entrada tipo-B. Ves a Roger Waters, Ray Manzarek, Bjork, Cerati, quien-sea, como un muñequito a la distancia, y te alegras que haya pantalla gigante porque si no hubiera ¡ay, si no hubiera! (luego salen los comerciales que dicen que no es lo mismo estar en el concierto que verlo por televisión, sí, claro, en el concierto pagas). Más tarde ves los periódicos y te quejas que por qué no vienen más seguido y que cuando vendrá Thurston Moore o Franz Ferdinand si están de gira por Sudamérica, y han ido acá nomás a Ecuador y Chile. Como si nos puentearan con furia a propósito. Luego, te enteras googleando que no vienen porque acá les cobran un orto de impuestos y la plata no se la lleva ni los productores, ni el artista que se va sólo con la efímera felicidad de saber que en el Perú hay 4 gatos que les gusta su música, cuando no saben que muchos más irían si todo fuera más barato. Peor aún, cuando viene NOFX o Ziggy Marley cancelan los conciertos por falta de medidas de seguridad, mientras tú te quedas hecho un huevón (o huevona sea el caso) con tu entrada en la mano, tu día perdido (ni qué decir de tu plata), las carcajadas de tus amigos que odian esa banda y para colmo la ilusión rota igual que cuando eliminan (otra vez) a Perú de un mundial.

Ya no sé cuando arriesgas más: cuando compras tu entrada y sabes que todo puede pasar o cuando no compras tu entrada y sabes que todo puede pasar. Seamos pragmáticos. Cuando no la compras, cualquier cosa que pase además que escuches el sonido del concierto es mejor. No vas con gran ilusión, sino expectante a afuerita a ver qué sucede. Si te logras colar, si logras ver la pantalla gigante, si manyas gente, si encuentras la reventa mucho más barato que lo original, si te embriagas gratis y barato (cosa que definitivamente no se puede hacer adentro): two thumbs up. Claro, tampoco hay que ser huevón (insisto, o huevona sea el caso) y hay que saber en qué lugares algo puede pasar afuera y en cuales lo único que pasará afuera es un viento helado y un par de vendedores de chicles-cigarrillo-caramelo. Por supuesto, siempre será mejor conocer quienes son los organizadores. Pero como de estos últimos no sé nada, sólo puedo decir algo de los locales. Ir, por ejemplo, a las afueras del Parque de la Exposición para intentar siquiera oír a Café Tacaba, JA, vana ilusión. Es el único sitio en Lima que tiene los parlantes hacia adentro, seguridad en las puertas, además que tendrás la seguridad que en cualquier punto que te pares fuera del Parque estarás demasiado lejos como para escuchar aunque sea los aplausos. El Estadio Monumental es otra cosa. No sólo por ser la casa de la “U”, sino porque casi siempre, por no decir siempre, puedes oír el sonido limpio, ver la pantalla gigante, y también vivir el concierto de puta madre afuera con toda la gente locaza. Como en el concierto de los ex – Doors, que a mitad de concierto se tumbaron los fierros y la fanaticada entró a VIP gratis, claro que para ese momento yo ya había entrado porque la-amiga-de-mi-amiga estaba cuidando una de las entradas y nos hizo entrar mientras sonaba apenas Break on through. Y es que es así, en el Perú no vale la pena ser formal: se llevan la plata quienes no aportan a la música, te estafan los que organizan y se vive con mayor intensidad si haces las cosas a la rústica. El Perú no es para monses.

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